¡SOCORRO, TENGO UN EXAMEN!

Nos suele pasar a casi todos. O lo que es lo mismo, no resulta para nada raro que, a la hora de realizar un examen, ante preguntas sencillas o, al menos, no muy complicadas, nos quedemos en blanco o demos respuestas equivocadas.

A veces, el momento del examen, hace que buena parte de lo que hemos aprendido sea imposible de recordar o parezca olvidado. Nos sentimos incapaces de traer a la memoria aquello que sabemos que sabemos. La causa principal de esta desmemoria es el estrés, que surge ante la preocupación de ser evaluado y que ejerce tanta mayor influencia cuanto más determinante es el examen; tensión nerviosa, ansiedad, estrés…

Conclusión: resultado muy inferior a nuestras posibilidades y a nuestra capacidad. Sin estrés, sin ansiedad, sin tensión, obtendremos un resultado acorde a nuestra capacidad y conocimiento.

Tengo un Examen

¿QUÉ ES EL ESTRÉS?

Es una reacción psicofísica en cadena del sistema nervioso y hormonal, que surge ante situaciones fuera de lo común. Nos pone en alerta y tensión, se acelera el pulso cardiaco y se libera adrenalina y cortisol para responder ante ella.

En el proceso de hominización, los problemas de la especie eran esencialmente físicos; el riesgo ante la caza o las inclemencias del tiempo. Ahí es estrés es conveniente y útil. Pero cuando los problemas a solucionar son intelectuales, los niveles altos de estrés resultan contraproducentes.

 

¿CÓMO APARECE EL ESTRÉS?

Los estudios realizados, tanto desde la neurociencia médica, como desde la psicología de la salud, ponen de relieve que, ante el momento del examen, al ser una circunstancia especial, el cuerpo se coloca en alerta y actúa, surgen pautas de comportamiento potenciadoras del estrés, como morderse las uñas, estirar y/o arrancarse el pelo…, que son signos del mismo.

A veces también aparecen pensamientos negativos recurrentes, que estimulan el estado de alerta y que desvían la atención hacia la anticipación del fracaso, en lugar de a la consecución del éxito.

 

EL CONTROL DEL ESTRÉS

  • Antes del examen:
  • Es conveniente relajarse y realizar actividades lúdicas o ejercicio físico.
  • Estudiar el día de antes o en los momentos previos a entrar a la prueba no es recomendable, pues aumenta el nivel de ansiedad y esto puede afectar de forma negativa ante el examen.
  • Duerme bien. Levántate con tiempo suficiente para llegar pronto. Llegar tarde nos activa de forma negativa.
  • Acude a la prueba bien alimentado, evitando productos que contengan mucho azúcar o cafeína y que eleven el nivel de estrés
  • Habla con los compañeros si esto te relaja, pero si notas que te alteras, concéntrate en ti mismo, procurando generar pensamientos positivos.

 

  • Durante el examen:
  • Lee las preguntas despacio, atentamente y de forma minuciosa.
  • Procura controlar el tiempo.
  • Si tu mente se queda en blanco ante una pregunta, salta a la siguiente.
  • Si continúas sin poder recordar nada, elige una pregunta que te parezca sencilla y comienza a escribir, aunque no tengas muy claro qué. Eso ayuda a que las respuestas acudan a nuestra cabeza.
  • Si te sientes muy nervioso realiza respiraciones profundas y lentas, que ayudan a concentrarnos.

 

  • Tras el examen:
  • Déjate llevar por el alivio y relax que notarás al terminar la prueba.
  • No sigas dándole vueltas a tus respuestas, ni las compares con tus compañeros… Ya lo has hecho, date un respiro, la suerte está echada.
  • Al salir de la prueba, si es posible, prémiate. Realiza alguna actividad que te guste, queda con amigos o, simplemente, descansa.

 

En definitiva, estudiar cada día y no dejarlo todo para el último momento, así como ser positivo y procurar mantenerte tranquilo antes y durante el examen, son los mejores consejos para no quedarte en blanco a pesar de haber estudiado mucho y tener los conocimientos. Aplícalos y conseguirás sacar la estupenda nota que de seguro te mereces.

 

Aunque el resultado depende de tu preparación, nunca está de más que nos acompañe la suerte, así que… ¡Te deseamos toda la del mundo en tu examen!